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Catedral de Santa María Toledo

Teniendo Toledo la edad que tiene, casi puedes hacerte la misma pregunta ante cada uno de los monumentos que te encuentres: ¿Desde cuando está esto aquí?

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Teniendo Toledo la edad que tiene, casi puedes hacerte la misma pregunta ante cada uno de los monumentos que te encuentres: ¿Desde cuando está esto aquí?

Por ejemplo, si te plantas frente a la catedral tras recorrer las tortuosas callejuelas toledanas... Porque aunque lo que ves fue levantado hace más de siete siglos, no es más que una continuación, en cierto modo, de lo que le precedió en este mismo lugar: una gran mezquita y, antes de ella, una iglesia visigoda. Así que en el siglo XIII, con el cristianismo otra vez en boga, lo que tocaba hacer era una catedral. Y que además, estuviera a la altura de la importancia de la ciudad.

Vista la época de construcción y la pinta del edificio, dirás que se trata de un rotundo ejemplo de arte gótico, y no te lo vamos a discutir. Sin embargo, en su interior vas a darte de narices con algo muy posterior que te va a impresionar mucho.

En la cabeza de la catedral se encuentra uno de esos espectáculos místico-visuales difíciles de olvidar. A buena altura, un gran agujero abierto en la bóveda deja entrar la luz exterior, y toda esa luz da de lleno en un exuberante conjunto escultórico hecho de mármol genovés, jaspe y bronce. El Transparente, que así se llama, es como una borrachera barroca, y parece que ha superado la prueba del tiempo porque, aunque en ciertas épocas fue criticado y hasta aborrecido, hoy en día nos sigue dejando con la boca abierta.

Todo es resultado de un audaz proyecto que, en el XVIII, se propuso iluminar el espacio que había tras el retablo mayor. El autor fue Narciso Tomé, quien, ayudado por sus hijos, trató de recrear lo que sería el aspecto de la puerta de entrada al paraíso. Esa reservada a quienes se han portado bien en este mundo. Y la verdad es que ante el gigantesco ojo de luz y la grandiosidad de la composición de Narciso, bien puedes pensar que estás a punto de cruzar al otro barrio.

Además de estos efectos especiales, el monumento tiene muchas otras maravillas para dar y tomar, como las tumbas de reyes y las rejerías renacentistas. Y otras que podrás admirar en el museo, como por ejemplo una colección de pinturas que incluye obras de El Greco, Tiziano, Van Dyck o Caravaggio.

Pero el tesoro más grande que alberga esta catedral es la gran custodia de Enrique de Arfe, elaborada en 1523 por petición de Isabel la Católica y realizada con el primer cargamento de oro que se trajo Cristobal Colón desde América.


Catedral de Santa María

Calle Cardenal Cisneros, 1
45002 Toledo
(+34) 925 22 22 41

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