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Puente de San Martín y monasterio de San Juan de los Reyes Toledo

Si las ciudades tuvieran genes, casi habría que decir que en los de Toledo hay una predisposición innata para ser el ombligo de importantes reinos, extensos dominios y otras cosas así.

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Si las ciudades tuvieran genes, casi habría que decir que en los de Toledo hay una predisposición innata para ser el ombligo de importantes reinos, extensos dominios y otras cosas así.

Que la historia le haya dado justamente ese nombre, ciudad imperial, se debe más que nada a que Carlos V la hizo centro de su colosal imperio en el siglo XVI; pero antes, mucho antes, los visigodos ya habían fijado en Toledo su capital. Buscaban parecerse a la gloriosa Roma, aunque se quedaron a medias porque los árabes les cortaron de raíz el sueño. Era el año 711 y dice la leyenda que todo les resultó bastante fácil debido a algo que ocurrió aquí, donde hoy está el Puente de San Martín.

En esta ocasión, tenemos uno de esos relatos con mujer bella y rey obsesionado. Ella se llamaba Florinda, hija de un conde de Ceuta, y había sido enviada a Toledo para recibir una buena educación y conseguir un casamiento de altura. La chica tenía por costumbre tomar baños en el río Tajo, y un día resulta que fue vista por el rey Rodrigo desde el puente de San Martín, quien quedó completamente atolondrado ante semejante visión.

Sobre lo que acabó pasando después no hay acuerdo: unos dicen que ella sedujo al monarca y otros que Rodrigo la forzó un poco. Sea lo que fuera llegó a oídos del conde, quien montó en cólera y decidió vengarse no moviendo un dedo para frenar al musulmán Tariq y sus amigos. Así, las tropas árabes se encontraron libre el paso a la península y todo fue de mal en peor para Rodrigo, que terminaría sin Florinda, sin reino y sirviendo de abono para los cipreses del cementerio.

Parece mentira que semejante historia hubiese empezado con una inocente escena en esta orilla del Tajo. Pero si aquel fue el principio de la presencia árabe, desde este lugar puedes también ver uno de los símbolos de su final: el monasterio de San Juan de los Reyes, justo al lado del puente.

Lo mandó construir Isabel la Católica en 1476, cuando faltaban pocos años para conquistar el último territorio dominado por los musulmanes. Las cosas le empezaban a salir bien al matrimonio real: acababan de conseguir una victoria sobre la Beltraneja, aquella sobrina de Isabel que quería levantarle el trono, y vislumbraban la unidad de todos los territorios bajo su gobierno y sus ideas. El monasterio fue construido para los franciscanos, precisamente porque su forma de vivir la fe coincidía con la que los monarcas querían recuperar tras los excesos y cuchipandas medievales.

Y fíjate si quisieron darle simbolismo al monasterio de San Juan que, años después, en sus muros se fueron colgando las cadenas de los cautivos cristianos que los reyes liberaron en sus batallas contra el Islam. Así que no pierdas detalle cuando lo visites, y, sobre todo, ¡no te vayas sin ver el claustro!


Puente de San Martín y monasterio de San Juan de los Reyes

Calle el Puente, s/n
33828 Toledo

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