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Gran Teatro del Liceo Barcelona

Pues resulta que a un tal Giacomo Casanova, que paseó su palmito por tierras catalanas, le sorprendió mucho la afición que los barceloneses tenían a la ópera. Era el siglo XVIII, y por entonces la gente acudía a escuchar gorgoritos al Teatro de Santa Cruz, que después se llamaría Principal y que ya tenía una larga tradición como escenario operístico.

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Pues resulta que a un tal Giacomo Casanova, que paseó su palmito por tierras catalanas, le sorprendió mucho la afición que los barceloneses tenían a la ópera. Era el siglo XVIII, y por entonces la gente acudía a escuchar gorgoritos al Teatro de Santa Cruz, que después se llamaría Principal y que ya tenía una larga tradición como escenario operístico.

Pero en el siglo siguiente, al Principal le salió el competidor que hoy tienes delante, entre los números 51 y 59 de la Rambla. El Gran Teatro del Liceo, o Liceu, fue inaugurado en 1847, entre otras cosas, porque la boyante burguesía catalana no tenía ningunas ganas de quedarse atrás frente al glamour de Londres y París.

El edificio, entre el neoclásico y el neobarroco, fue durante un siglo el teatro de mayor aforo de Europa, y se dice que hacía falta contar con una renta de al menos 100.000 reales anuales para tener un par de asientos reservados aquí. Por esas cuestiones de clase surgió una feroz competencia con el Teatro Principal, al que asistían personas con menos dinero pero con más interés en la música. El Gran Teatro del Liceo, decían sus críticos, era para que la “Jet Set” de la época fueran a dejarse ver, hablar de negocios y después echar una siestecita en el palco con música en directo de fondo. ¡Que así se duerme mejor!

Fue esa cierta identificación del Liceu con la burguesía acomodada lo que lo convirtió, en 1893, en escenario de una tragedia. Un anarquista chalado subió a la quinta planta del teatro, escuchó tranquilamente el primer acto de Guillermo Tell y después lanzó dos bombas al patio de butacas que causaron una espantosa carnicería.

Desafortunadamente, esa no es la única desgracia en la convulsa historia del edificio. Un incendio lo arrasó en 1861 y el fuego volvió a cebarse con él en 1994, pero reabrió sus puertas cinco años después como unos de los teatros más modernos y tecnológicos del planeta.

Añadiremos que el Liceu le debe al pueblo de Barcelona el privilegio de haber podido representar obras en un idioma diferente al español cuando eso estaba severamente prohibido. La idea de la prohibición fue de Carlos IV, que al parecer quería evitar, allá por 1799, que las compañías extranjeras acaparasen los teatros españoles. Pero los barceloneses, apasionados de la ópera italiana, se sintieron profundamente agraviados por la medida y presionaron hasta lograr, un par de años más tarde, que la norma no tuviese aplicación en esta sala.


Gran Teatro del Liceo

La Rambla, 51-59
08002 Barcelona
(+34) 934 85 99 00

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Etiquetas: Eclecticismo

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