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Naranjo de Bulnes

Cabrales, Asturias

Audioguía de el Naranjo de Bulnes

Qué ver en el Naranjo de Bulnes

El Picu Urriellu, o Naranjo de Bulnes, tiene una de las siluetas más reconocibles de la geografía española. Una cumbre casi rectangular que supera los dos mil quinientos metros y a la que, según dicen los escaladores, resulta todo un desafío subir. ¡No lo ponemos en duda!

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El Picu Urriellu, o Naranjo de Bulnes, tiene una de las siluetas más reconocibles de la geografía española. Una cumbre casi rectangular que supera los dos mil quinientos metros y a la que, según dicen los escaladores, resulta todo un desafío subir. ¡No lo ponemos en duda!

Vistas las cifras de otras conocidas cimas, podría parecer que su altura no es tanta cosa. Pero no todo es cuestión de metros, ya ves: su peculiarísima morfología ha hecho del Picu una especie de símbolo para todos los que gustan de subir montañas. Y además, claro, tiene su historia.

Resulta que las verticales paredes del Naranjo siempre se habían tenido por inatacables, inabordables, inexpugnables y todos los demás adjetivos de esa clase que se te ocurran. Eso incluía tanto a los bípedos como a los rebecos de la zona, y duró hasta que a Pedro José Pidal, marqués de Villaviciosa, se le metió en el entrecejo plantar sus reales pies en lo alto del coloso.

Era el verano de 1904, y aunque parezca anteayer, se trataba de la prehistoria del alpinismo. Ahora intenta imaginar a un marqués con alpargatas encargadas para la ocasión, y a un pastor, Gregorio Pérez el Cainejo, directamente descalzo. Ambos gateando por unas paredes imposibles con una cuerda que, eso sí, había comprado Pidal en Londres y era el elemento estrella de la expedición. Una escalada demencial que aún hoy resulta difícil de creer.

Hicieron cumbre el 5 de agosto, se bebieron una botella de vino y luego se preguntaron cómo bajar por el abismo que acababan de ascender. Pero de alguna forma inverosímil salvaron la situación y vivieron para contarlo. Tendrían que pasar tres décadas para que dos nietas de Gregorio se convirtiesen en las primeras mujeres en admirar el paisaje desde la cima del temible Picu. La primera, una tal María, que subió sin cuerdas ni Gore-Tex. Y una semana después, su prima Teófila, con tan solo 15 primaveras a sus espaldas.

Si no eres de subir ni de escalar, y lo que quieres es más bien contemplar la montaña y respirar aire limpio, no te preocupes; también has venido al sitio adecuado. La villa de Bulnes, a la que hasta hace cuatro días solo se podía llegar por un sendero, está ahora unida al llano por un funicular que hace las cosas infinitamente más cómodas. Desde la aldea podrás ver la estampa del Naranjo y gozar de la radiante hermosura de las montañas asturianas.

Y por cierto, sobre el nombre de Naranjo que sepas que viene del término Naranco, que a su vez proviene del término Nora que viene a significar fuente. Justo como la que hay junto a la base de esta montaña.


Naranjo de Bulnes


33554 Cabrales

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Etiquetas: Naturaleza

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