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Zaragoza

«Es terrible verse obligado a matar a tantos valientes». Son palabras escritas por un oficial francés tras el Sitio de Zaragoza en la Guerra de la Independencia. El hombre, que ya sabía un rato de batallas y disparates similares, afirmaba no haber visto nunca nada igual a la resistencia de aquella ciudad heroica, que entró de inmediato en la historia e inspiró canciones, monumentos y obras literarias por docenas.

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«Es terrible verse obligado a matar a tantos valientes». Son palabras escritas por un oficial francés tras el Sitio de Zaragoza en la Guerra de la Independencia. El hombre, que ya sabía un rato de batallas y disparates similares, afirmaba no haber visto nunca nada igual a la resistencia de aquella ciudad heroica, que entró de inmediato en la historia e inspiró canciones, monumentos y obras literarias por docenas.

Todo eso ocurrió entre 1808 y 1809, y dejó a Zaragoza casi completamente arrasada y cubierta de cadáveres. Pero se levantaría de nuevo, como corresponde a una población bimilenaria, que ya las venía pasando canutas desde tiempos remotos. Tan remotos que resulta difícil situar los orígenes de la ciudad.

Existió aquí un asentamiento ibérico varios siglos antes de Cristo, pero, como siempre, las cronologías no están nada claras hasta que llegaban los romanos y plantaban su estandarte. En este caso fue nada menos que el mismísimo emperador César Augusto, quien fundó una colonia sobre aquel antiguo poblado ibero, y la ocupó con veteranos de las legiones que habían estado guerreando por Hispania. Como se ve que el divino gobernante no tenía ganas de discurrir nombres, le puso Caesaraugusta y dejó que los siglos hicieran su labor de erosión lingüística. Y es que lo que a él le importaba era, más bien, controlar el Valle del Ebro y seguir sacando jugo a esta península que tanto esclavo, mineral, vino y aceite daba a Roma.

Después de que el imperio romano hiciera aguas, ya te puedes imaginar lo que pasó: primero, suevos y visigodos, y después el Islam, avanzando desde la parte de abajo del mapa y ocupando la ciudad en el 714. Zaragoza estaba en uno de aquellos enormes territorios fronterizos llamados marcas, y se las arregló para mantener su importancia a pesar de la dominación musulmana. Incluso llegaría a ser la taifa de Saraqusta y así, vivir años de esplendor entre fortificaciones y palacios de esos que los árabes se curraban como nadie.

Pero los ejércitos cristianos también empujaban lo suyo, y en 1118 llegó Alfonso el Batallador a conquistar la plaza. Vista la nueva situación, muchos de los pobladores musulmanes hicieron las maletas y se marcharon a al-Ándalus, con lo que Zaragoza perdió un poco de fuerza demográfica. Sin embargo, para el siglo XV ya había recuperado los veinte mil habitantes de anteriores épocas. De ahí en adelante la cosa fue crece que te crece hasta llegar a los cincuenta y cinco mil que existían justo antes de llegar las tropas napoleónicas. Y que se quedaron en doce mil después de las bombas francesas, las bayonetas y el tifus.

Hoy puedes darte un largo y pacífico paseo por esta noble ciudad pensando que a Napoleón le costó un año poder hacerlo.


Zaragoza

Plaza César Augusto, 1 (Oficina de Turismo)
50001 Zaragoza
(+34) 976 20 12 00

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Etiquetas: Patrimonio cultural

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