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Cuenca

Empecemos por el principio: si alguien te ha dicho que en Cuenca solo hay que ver las Casas Colgadas, no lo creas ni por un segundo.

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Empecemos por el principio: si alguien te ha dicho que en Cuenca solo hay que ver las Casas Colgadas, no lo creas ni por un segundo.

La población tiene una poderosa historia detrás, pero vamos a pasar de puntillas sobre la época de los romanos, que estuvieron, y llegar hasta la de los musulmanes, que también estuvieron.

La Torre de la Mangana que puedes ver hoy no es árabe, aunque tenga un aire, pero está donde al parecer se ubicó en aquellos tiempos un alcázar. En la historia de esta emblemática construcción, reformada varias veces a lo largo de los siglos, no faltan la caída de un rayo ni los daños causados por los ejércitos napoleónicos, dos grandes clásicos de las catástrofes monumentales en nuestras tierras.

Los árabes levantaron también una gran mezquita que fue echada abajo por los cristianos en cuanto volvieron a mandar. Se dice que, al derribarla, apareció bajo el edificio una red de túneles y pasadizos sobre la que hay un montón de leyendas estupendas: que si crímenes, que si torturas, que si tesoros escondidos en sus cuevas y que si, naturalmente, el Santo Grial escondidico por algún rincón... Y es que no podemos esperar menos de una ciudad por la que también los templarios se dieron algunas vueltas.

El caso es que, donde entonces había una mezquita, fue erigida una catedral magnífica que, esta si, ha llegado hasta nuestros días. Se empezó en el siglo XII y es uno de los primeros grandes ejemplos del gótico español, aunque los torreones y ese cierto aspecto de fortaleza son cosa de la influencia normanda y le dan todavía más singularidad.

A Cuenca, desde luego, no le falta patrimonio religioso: tienes, entre otras muchas cosas, la Iglesia de San Miguel, el Convento de las Petras, la Ermita de las Angustias y el Convento de los Descalzos, que conserva la Cruz del Convertido. Con ese nombre ya te imaginarás que hay leyenda detrás, y ésta es de las entretenidas: Se cuenta que un hidalgo llamado Diego, juerguista, chulazo y ligón a más no poder, sedujo a la bella Diana como era costumbre en él. Una noche de lluvía, Diana le propuso una cita en un lugar apartado donde poder entregarse a la pasión más desenfrenada. En pleno manoseo, Diego le levanto la falta para descubrir un apetecible muslo rematado por una menos apetecible pezuña de macho cabrío. Horrorizado, ya era tarde cuando se dio cuenta de que la moza era el mismísimo demonio escondido tras aquellas femeninas formas. El joven salió pitando como pudo hasta llegar al cercano convento de los Franciscanos, se abalanzó sobre la Cruz en cuestión y abrazándola juró un montón de cosas si salía bien parado del trance… Se libró por los pelos. Pero lo que no sabemos es si, tras aquel susto, cumplió con todas aquellas promesas de ser un mozo bueno y formal con las chicas.

Cambiando de tema y para ir rematando esta audioguía, solo nos queda decirte algo de las celebérrimas y pasmosas Casas Colgadas sobre la Hoz del Huécar. ¡Faltaría más, estando en Cuenca! Parecen venir del siglo XIV y las que hoy quedan son una pequeña muestra de las muchas que, según se dice, existieron siglos atrás. Lo que parece indiscutible es que los conquenses se adelantaron en varios cientos de años al vértigo de los rascacielos neoyorquinos.


Cuenca

Calle Alfonso VIII, 2 (Oficina de Turismo)
16001 Cuenca
(+34) 969 24 10 51

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Etiquetas: Patrimonio cultural

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