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Lerma

Burgos

Audioguía de Lerma

Qué ver en Lerma

Raro es el día que no oímos noticias sobre algún político espabiladillo que ha usado su cargo para su propio beneficio, ¿verdad? Pues podríamos juntar a cien de esos y no le llegarían al tobillo a Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, que a principios del siglo XVII se hartó de mangonear al rey Felipe III y se hizo enormemente rico a base de sobornos, estafas, manejos y especulaciones de toda clase.

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Raro es el día que no oímos noticias sobre algún político espabiladillo que ha usado su cargo para su propio beneficio, ¿verdad? Pues podríamos juntar a cien de esos y no le llegarían al tobillo a Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, que a principios del siglo XVII se hartó de mangonear al rey Felipe III y se hizo enormemente rico a base de sobornos, estafas, manejos y especulaciones de toda clase.

¿Por qué hablamos de él? Pues porque con todo ello es, también, el responsable de que Lerma se convirtiera en el majestuoso conjunto arquitectónico renacentista que hoy puedes ver.

Tras convencer al monarca para trasladar la corte de Madrid a Valladolid, y lograr de paso una muy rentable carambola urbanística, al de Lerma se le ocurrió poco después hacer de su pueblo el lugar de moda para el recreo de la familia real y la nobleza cortesana. No reparó en gastos: invirtió en la construcción de seis conventos, una colegiata, un palacio y otras edificaciones proyectadas por los mejores arquitectos de la época. La corte no podía divertirse en un sitio cualquiera, y Lerma cambió radicalmente de cara en menos de dos décadas.

Sandoval estaba entonces tan crecido que incluso no tuvo reparos en engañar al mismísimo rey: Fíjate si tenía morro que le pidió permiso para poner dos torres en su Palacio Ducal, que era lo acostumbrado, y el soberano se lo concedió. Pero el duque se había callado que ya existían previamente otro par de torres, así que añadió las dos autorizadas nuevas y así consiguió una bonita chabola con cuatro torres. Y que sepas que esto era en la época un privilegio reservado exclusivamente a los palacios reales. Pues así es como el de Lerma consiguió su propio palacio real sin ser rey.

Y es que tanto se quería a sí mismo, que desde su nuevo Palacio Ducal, Francisco extendió una red de pasadizos que unían el edificio con la Colegiata de San Pedro y los conventos, y así no tener que mezclarse con el populacho al recorrer la villa para asistir a actos y celebraciones.

Este Palacio da a la inmensa Plaza Mayor, que también tiene su historia. Sirvió de mercado, de escenario teatral y hasta de coso taurino para una cruel fiesta en la que los toros, tras ser rejoneados, eran conducidos a un callejón que terminaba en un precipicio.

Al final pasó lo de casi siempre: el duque de Lerma se creía tan intocable… que él solito se convirtió en tocable. Investigaciones, irregularidades, corrupción, la ejecución de algún colega y en 1620, el ambicioso duque era invitado a abandonar la corte quedando a merced de sus acreedores. Pero como de tonto no tenía un pelo, se le ocurrió solicitar a Roma que lo nombrara cardenal y con ello el indulto de todo lo pendiente. Lo consiguió y así se retiró de la vida pública hasta su muerte en 1625.

Hoy no nos queda otra que reconocer que, con más mal que bien, aquel personaje había logrado transformar un antiguo pueblo guerrero en la señorial villa que seguimos admirando cuatrocientos años después.


Lerma

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09340 Lerma
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Etiquetas: Renacimiento

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