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Peñíscola

Peníscola/Peñíscola, Castellón

¿En cuántos castillos templarios has estado? Mientras lo piensas, te iremos contando cosas del que te vas a encontrar en Peñíscola.

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¿En cuántos castillos templarios has estado? Mientras lo piensas, te iremos contando cosas del que te vas a encontrar en Peñíscola.

Es difícil no verlo, porque domina el entorno desde lo alto de la península rocosa en la que se asienta la vieja ciudad. Y esto de vieja ciudadno lo decimos por decir: aunque la fortaleza fue levantada por la Orden del Temple alrededor del año 1300, bajo ella quedaron los restos de una alcazaba árabe mucho más antigua.

Los musulmanes de Tarik habían sido los amos de Peñíscola durante cinco siglos, pero antes habían estado los romanos, los griegos, los cartagineses y los fenicios, que allá por  el siglo VII antes de Cristo ya tenían tratos con los pobladores iberos de la zona. Vamos, que la historia de los asentamientos aquí no empezó la semana pasada. Y es normal, tratándose como se trata de un enclave que ni pintado para plantar un bastión desde el que divisar mucho mar y mucha tierra.

El caso es que, en 1233, Jaime I ganó la plaza para la cristiandad. La misma cristiandad que, a principios del siglo XV, iba a hacer de Peñíscola uno de los escenarios de sus luchas de poder. Durante el llamado Cisma de Occidente hubo dos papas a un tiempo: el primero, Urbano VI, estaba en Roma, y el otro, Benedicto XIII, decidió montar su corte aquí y usar el castillo de la ciudad como palacio pontificio. El Papa Luna, que así era conocido, murió en 1423, y el cisma terminaría con la renuncia de su sucesor, el también aragonés Clemente VIII.

Pero con papas o sin ellos, Peñíscola seguía estando metida en el mar, lo que la ponía a tiro de piratas y, sobre todo, de las temidas naves turcas que llegaban desde el fondo del Mediterráneo. Así que Felipe II, siempre tan preocupado por la seguridad de sus fronteras, le encargó a Giovanni Antonelli que fortificase la ciudad a base de bien. El italiano, que sabía lo suyo de arquitectura militar, ideó estas murallas renacentistas desde las que hoy puedes contemplar una vista tan bonita y de paso quedarte mirando sus múltiples heridas de guerra mientras piensas que algunas de ellas fueron hechas por el hermano de Napoleón, José Bonaparte. Aunque la verdadera fiesta llegó con la Guerra de la Independencia, durante la cual hubo de soportar hasta 60.000 cañonazos. Tal cual lo oyes… Y ahí siguen, oye. Increíble, ¿verdad?

Sin embargo, no te pasmes durante mucho tiempo porque también debes recorrer el casco de la villa. La verdad es que su tremenda dimensión histórica no fue tan importante como su fotogenia para convertir a Peñíscola, bien entrado el siglo XX, en un popular destino turístico.

Son las cosas que tiene servir de escenario en películas como El Cid, en 1962: que luego la gente quiere venir.


Peñíscola

Avda. de la Mar, 27 (Oficina de Turismo)
12598 Peníscola/Peñíscola
(+34) 964 48 02 08

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