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Albacete

Nadie le puede negar a Albacete unas cuantas cosas: su condición de mayor urbe de Castilla-La Mancha, su importancia económica o su gran empuje industrial, por ejemplo.

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Nadie le puede negar a Albacete unas cuantas cosas: su condición de mayor urbe de Castilla-La Mancha, su importancia económica o su gran empuje industrial, por ejemplo.

Para situarnos un poco en su historia, habría que empezar diciendo que ni los pueblos prerromanos, ni los romanos, ni los visigodos mostraron un enorme interés por esta zona, y tuvieron que ser los árabes, quizá porque venían de parajes más o menos desérticos, los que le cogieran cariño. Hasta le pusieron el nombre que, con pocos cambios, ha sobrevivido hasta hoy: Al-Basitsignifica La Llanura, y un montón de siglos más tarde Azorín la rebautizaría comoNueva York de la Mancha, impresionado por la modernidad y el desarrollo que la metrópoli había alcanzado a finales del XIX.

Y es que Albacete se había apuntado a eso que llaman el tren del progreso. Con la instalación de alumbrado eléctrico y el surgimiento de fábricas e industrias a porrillo, entró en la centuria siguiente a mil por hora y su población mantuvo un crecimiento sostenido durante un montón de décadas.

Pero, a todo esto, ¿qué queda del pasado albaceteño en la capital de hoy? Pues tienes la Catedral de Juan Bautista, que se empezó en el siglo XVI y no se terminó hasta el XX; tienes la Posada del Rosario y el Monasterio de la Encarnación, ambos renacentistas; y tienes unas cuantas obras civiles bastante sorprendentes, como el Gran Hotel o el Pasaje de Lodares. Este último fue construido en los años veinte del pasado siglo, trasladando la elegancia de las galerías comerciales italianas hasta el mismísimo corazón de La Mancha. Los dos son lugares emblemáticos y ambos se deben a la iniciativa de Gabriel Lodares, un millonario y político que, entre otras cosas, se apuntó el tanto de llevar agua potable a la ciudad.

Y nos queda, claro, la celebrada cuchillería albaceteña. Parece ser que es un arte heredado de los árabes, aunque nosotros no te vamos a dar muchos detalles al respecto. Para eso, lo mejor es que te acerques al Museo de la Cuchillería de Albacete, te empapes del tema, y después, si eso, te detengas un rato delante del Monumento al Cuchillero. ¡Será por metales afilados!


Albacete

Plaza Altozano, s/n (Oficina de Turismo)
02001 Albacete
(+34) 967 63 00 04

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